Basta de preguntar a las madres cuándo van a volver a trabajar

Basta de preguntar a las madres cuándo van a volver a trabajar

Basta de preguntar a las madres cuándo van a volver a trabajar

Si me hubiesen dado un euro cada vez que me han preguntado cuándo iba a volver a trabajar… rica no sería, pero igual un buen bolso sí habría caído.

Siempre supe que quería ser madre. Así que cuando nació mi primer hijo, decidí quedarme en casa y cuidarle yo. No me imaginaba a una desconocida viviendo con mi bebé todos esos momentos con los que yo llevaba media vida soñando. Mi marido tenía (y sigue teniendo) un horario muy exigente, el cuál hace que, prácticamente, no pueda contar con él de lunes a viernes. Y nuestras familias están fuera. Así que no tuve ninguna duda: quería ser yo la que fuese al médico con mi hijo, la que le llevase al parque cada día y la que luchase con él para que se comiese las lentejas. 

Al fin y al cabo, es lo que había vivido en mi casa. Mi madre era autónoma en una carrera «de hombres» (literalmente, eran 3 chicas en toda la escuela). La pausó para cuidarnos cuando nacimos y poco a poco se fue incorporando hasta volver a jornada completa. Así que para mí ha sido lo natural.  

Además, ser madre no es fácil. Especialmente si eres exigente… y tu hijo tiene carácter. Quieres que tus pequeños sean buenas personas, educados, que coman de todo, y sepan hacerse la cama. Pues eso requiere de mucho tiempo y paciencia, y si a mí como madre de las criaturas me ha costado mantener la calma muchas veces, no me quiero imaginar a una persona que no lo es.

¿Y tu carrera? Me han preguntado muchísimas veces. Sin embargo, cuando decides quedarte en casa a cuidar a tu bebé, no aprietas al botón de DELETE en tu cerebro. Mi carrera aquí está. Años de estudio y experiencias en empresas estupendas siguen grabados en mi currículum. Sólo le he dado al botón de pausa. Empecé de becaria a los 23, y pretendo jubilarme a los 65. No creo que vaya a pasarle nada a mi carrera porque durante unos años haya decidido ser madre full time. 

Cada vez que me han preguntado cuándo iba a volver a trabajar, no he podido evitar sentirme incómoda. Y no tendría por qué. Parece que he pasado las mañanas entre el gimnasio y la peluquería, cuando cualquiera que tenga un bebé sabe que necesitan de un adulto todo el tiempo. Me siento tremendamente afortunada de haber dedicado estos años a cuidar permanentemente a las dos personas que más quiero en esta vida. Así que trabajar fuera de casa nunca me ha faltado. Sí, he echado de menos tener retos intelectuales, el superarme a mí misma en el trabajo, la pausa rápida en la cafetería de la empresa… Pero cada abracito de mis pequeños me hacía olvidarlo al segundo.

 

 

En esto, cada familia se organiza como puede. Algunos tienen cerca a los abuelos, siempre dispuestos a ayudar. Otros confían en las guardes y otros en una asistenta. Y sin duda, la mejor opción es la que hace a la familia feliz.

Admiro muchísimo a las madres que trabajan hasta las 7 y son capaces de organizar la casa y preparar la cena para sus bebés con una sonrisa. Porque desde luego que la conciliación no es fácil, y menos en esta sociedad en la que la carga del hogar sigue sin ser paritaria (en general).

Antes las mujeres no teníamos otra opción. Punto. Si querías diseñar aviones ya podías bajarte de la nube. Afortunadamente ahora  podemos hacer lo que nos plazca. Por tanto, al igual que estaba mal juzgar a la que no quería dejar su trabajo y quedarse en casa, también lo es ahora hacerlo con la que lo disfruta y tiene vocación para ello.

Las madres que lo elegimos libremente no tendríamos por qué justificarnos. Porque la clave está precisamente en esa palabra: libertad.

 

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Las 3 cosas para bebé que cambiaron mi vida

Las 3 cosas para bebé que cambiaron mi vida

Las 3 cosas para bebé que cambiaron mi vida

Si mañana tuviese otro hijo más, volvería a invertir en estas 3 cosas para bebé. Sin duda.

Supusieron una mejora increíble en mi día a día. Bien por limpieza, por comodidad del bebé o mía, estos objetos están en mi Top 3.

 

Cuchara de silicona para bebés Boon

Dar de merendar a un bebé que está aprendiendo a comer puede llevar mucho rato, mucha paciencia y muchas manchas en la ropa y en la casa. Pues no exagero si digo que la cuchara para bebés Boon redujo todo esto a la mitad.

¡Es tan fácil dar de comer a los niños!

– No es necesario mover la cuchara de su boca, vas apretándola poco a poco y sale el flujo de la papilla.

– Esto evita que en el tránsito entre el plato y la boca del niño, gotee la comida. O incluso peor, que te pegue un manotazo y tire el plato al suelo.

– Está hecha de silicona de buenísima calidad, que acepta tanto que la metas en el microondas como en el lavavajillas, donde se queda súper limpia.

– Además, no pesa nada. Vale tanto para purés como para papilla de frutas.

Hay que tener en cuenta que tiene sus limitaciones. La comida tiene que estar muy pasada con la batidora, nada de grumos. Y si quieres usarla fuera de casa, hay que transportar la comida en un tupper, para evitar que se salga. Tiene una tapa, pero yo la usaba sólo en momentos puntuales, como cuando tenía que parar de dar de comer a mi bebé. Pero no la metería dentro de mi bolso, ¡imagínate si se sale el puré!

¡Esta cuchara es todo un acierto! Imprescindible.

 

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«La Hamaca» de bebés

Acabo de pasar unos días de vacaciones, y en la piscina del hotel había una familia con su bebé en esta hamaca. No en otra. Y es que es tan buena, y tu bebé está tan a gusto, que no te imaginas yendo a ningún sitio sin ella.

Babybjörn tiene varios de los mejores productos para bebé. Y no es casualidad. Es verdad que tienen un precio más elevado que sus homólogos, pero realmente merecen la pena.

Mezclan un diseño precioso y muy adaptable a cualquier casa, junto con una altísima calidad y durabilidad en todo aquello que fabrican.

La Hamaca Babybjörn ha sido un imprescindible en mi casa. Usada todos los días durante horas, ha aguantado estoicamente lavadoras, cólicos, un hermano mayor con celos y no sé cuántas cosas más.

El material con el que está fabricada es un algodón transpirable y muy suave. Se lava perfectamente en lavadora y es muy resistente.

Tiene tres posiciones para reclinarla, y desde las pocas semanas de vida puedes tumbar al bebé. Sujeta muy bien su cuello y espalda. Cuando se le quede pequeña te darán ganas de llorar, porque ha sido un miembro más de la familia.

Lo que más les gusta a los bebés es que verdaderamente se mece sola. Con un leve movimiento de su bracito se mueve. Así que están relajadísimos.

No conozco una familia para la cual no haya sido imprescindible. En nuestro caso, en los ratitos de cólicos de nuestra hija, se tranquilizaba un montón con el movimiento. Así la mecíamos hasta que se dormía, para luego trasladarla a la cuna.

 

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Además, se pliega y prácticamente no ocupa nada. Cuando no nos ha cabido en la maleta, le hemos quitado la funda, hemos envuelto cuidadosamente el chasis, y lo hemos llevado como equipaje de mano. Todo menos dejarla en casa.

Tiene una barra de accesorios que se venden aparte. En esta barra también colgaba otros muñequitos con sonido.

Además, tiene un diseño moderno y ligero, con varias fundas para adaptarse a tu gusto. Es sencilla y combina bien con cada decoración.

En mi opinión, es un artículo en el que verdaderamente compensa la inversión.

 

Funda para iPad anti-niños

Seguro que no soy la única que ha despedido a su tablet con lágrimas en los ojos…

Por eso, tener una funda protectora para iPad cuando tienes hijos es obligatorio. Y las tradicionales no sirven. Tienen que ser específicas para niños porque se les cae al suelo (sin parar), tiran agua encima, e incluso prueban a ver a qué sabe. 

Esta funda es muy resistente, tiene un asa para que lo lleven de un lado a otro y un pie para no tener que hacer malabares si pones una película.

Además, es barata y se vende en muchos colores. Perfecta.

 

Funda para iPad anti-niños

Cuchara de silicona para bebés Boon

Hamaca Babybjörn

 

Dime, ¿cuáles han sido los mejores productos de bebé para ti? ¿Coincidimos en alguno?

¿Quieres saber las cosas para bebé para la casa que hacen feliz a una madre exigente?

😉


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5 consejos que me daría a mí misma antes de haber sido madre

5 consejos que me daría a mí misma antes de haber sido madre

5 consejos que me daría a mí misma antes de haber sido madre

Tener a mi primer hijo fue el mayor reto de mi vida. No tenía ni idea de bebés, ni amigas o familiares con niños pequeños. Por muchos libros de maternidad que leí, hubo ciertas cosas que nunca encontré en ellos. ¡Y qué difícil es! Los miedos, las culpas, la inexperiencia… Más las hormonas, que te vuelven una persona diferente.

Estos son los 5 consejos que me hubiese gustado que alguien me diese antes de ser madre.

 

Puedes pensar que cada sonrisa de tu bebé compensará los malos ratos.

Pero cuando te ves a ti misma tirada en un sofá, con un moño de maruja, la ropa mal puesta por la lactancia, esas bragas de rejilla con la compresa enorme y tu hijo que no para de llorar… Cuando estás pasando por eso ¡No hay consuelo que valga!

Tranquila porque sólo es una fase. Irá pasando. Pero mientras tanto:

 

1. Confía en ti porque vas a ser la mejor madre del mundo.

¿Te suena a tópico? Pues no lo es. Un niño principalmente lo que necesita es tu amor, y eso ya lo tiene. Piensa que por cada vez que te equivoques, habrá muchas en las que lo harás genial.

No seas dura contigo misma: escucha y confía en tu voz interior. Por muchos consejos que te den, no hagas nada en lo que no creas realmente. Al fin y al cabo eres una persona adulta, con criterio e instinto, ¿no? 

Por otra parte, ese ser diminuto es un completo desconocido para ti, pero él sí que te conoce. Sabe cuál es tu olor y tu voz, y sólo quiere tu compañía. Poco a poco aprenderás a reconocer todos sus gestos. Date tiempo.

 

 

Mientras tanto, una pequeña guía para cuando tu bebé llore sin parar:

Primero, tranquilidad, porque ellos perciben tus nervios.

Segundo: salvo que esté enfermo, lo más normal es que tenga:

  • Frío/calor: Lo mejor es tocarle la nuca para verlo. Analiza si la cantidad de ropa que lleva él es coherente con la que llevas tú. Por ser bebé no hay que ir abrigado como si estuviésemos en Siberia.

  • Hambre: ¿Cuando le toca la toma?

  • Gases: Prueba a cambiarle de postura hasta que esté más cómodo.

  • Sueño: Suelen tocarse la carita o la oreja. En seguida serás capaz de detectarlo.

 

Aunque esté perfectamente, hay ratos del día en los que simplemente llora. Eso suele ser general en todos los bebés. De verdad tienes que intentar relativizar y buscar a base de prueba y error lo que le calma. A mis hijos era moverles en la hamaca Babybjorn.

Hasta que lo encuentres, respira profundamente y busca que te releven de vez en cuando, para no volverte loca.

 

2. Lo primero eres tú. Basta ya de sentirnos culpables.

¿Cómo? ¿Qué dices? Pues sí, que lo más importante eres tú. Tu bebé es frágil, indefenso y sólo te tiene a ti para atenderle.

Y para poder cuidar bien de tu hijo, tienes que estar bien.

Es como cuando viajas en avión. La primera vez que presté atención a la locución de la azafata con respecto a los niños, aluciné un poco: ¿Cómo vas a ponerte tú la mascarilla antes que el menor? Pues claro. Tiene todo el sentido del mundo. Es imposible que puedas cuidar a los niños y ayudarles con sus mascarillas, si tú no tienes oxígeno. 

A ver, esto no significa obviamente desatender a tu hijo. Sólo que esto no es una competición para ser la madre que más se desvive.

Si hay unos bodies manchados que hay que frotar, ¡primero vete a dormir!

Si te sientes angustiada, tienes el pelo sucio y tu bebé no se duerme más que con dibujos animados, se los pones. Mi hija caía fulminada con estas nanas de 2 horas, y a mí me servía para poder seguir cuidándome la piel como siempre. Gracias a los vigilabebés puedes estar tranquila. La tecnología está para hacernos la vida más fácil.

Si estás deprimida, pide a tu madre/suegra/hermana que cuide a tu hijo un rato y vete de comida o de cañas con tus amigas… No estás abandonando a tu bebé. Peor es estar llorando toda la tarde sin querer ni mirarle, ¿no crees?

Y ya si nos metemos en el tema lactancia… La decisión tiene que ser únicamente tuya. Ni siquiera de tu pareja porque él no es quien va a tener que hacerlo. 

Si quieres darle el pecho y no puedes, no pasa nada. Tanto si es porque no te sale suficiente leche,  porque tu bebé no quiere, o porque te hace demasiado daño… Si no es posible, no sufras porque no es el fin del mundo. Y sobre todo, no eres peor madre por no hacerlo. ¿Lo importante no es que tu hijo crezca y esté bien alimentado?  

Yo le di el pecho a Nicolás, pero a Alejandra lo tuve que dejar porque no estaba cogiendo peso. Y mi hija ha tenido mejor salud y está enorme. Y he de decir que sentí un alivio tremendo cuando el pediatra me mandó la leche de fórmula. ¿Soy mala madre por ello?

En este tema todo el mundo se siente con potestad para opinar. Pero la realidad es que a nadie le importa. Eres adulta y has tomado tu decisión, así que nada de estar dando explicaciones.

 

 

3. NO ABANDONES A TU PAREJA.

A ver, ¿no acabas de decir que lo primero soy yo..?

Si. Por supuesto. Y el bebé. Pero hay una persona que también tuvo algo que ver en el proceso y para el cual todo es nuevo también. Así que, ¿qué tal si en vez de cerrarte en banda con tu hijo, pruebas a incluir a tu pareja?

Cuéntale cómo te sientes. Si necesitas un abrazo, díselo. No es adivino y por mucho que lo intente, no entiende nada de lo que te está pasando. En lugar de quejarte o reprochar cosas, habla y pide lo que necesites con amor. Verás cómo se pone más fácilmente en tu piel y, por tanto, te hace sentir mejor.

Muy importante es, de vez en cuando, intentar tener un ratito a solas sin hablar del bebé. Ved una serie o pedid la comida que os gusta, como hacíais antes. Verás cómo durante ese rato los puntos y el dolor de la lactancia se diluyen un poco. Al fin y al cabo has decidido formar una familia con él, por algo será.

Está genial involucrarse en la maternidad a tope, pero tienes una vida que has estado desarrollando antes, y que te costó mucho lograr. Haz un esfuerzo en mantener esos lazos fuera de pañales y biberones.

Tampoco dejes que tu casa se convierta en una feria. Si antes no tenías la casa llena de colorinchis y muñecos, ahora tampoco es necesario.

No tengo muchos años de matrimonio, pero si algo he aprendido es que es importante cuidarse y fomentar la sensación de equipo. Un pequeño esfuerzo por contar hasta 10 y decir lo mismo con amor puede suponer un mundo.

 

4. Vas a volver a tener tu cuerpo de antes.

Antes de nada me parece importante decirte que no tengas prisa. Que disfrutes de tu hijo y no te mires mucho al espejo.

Ya sabemos lo que vas a ver: una tripa colgando, el pecho inflamado y la cara llena de ojeras. Es lo normal después del proceso por el que has pasado. Pero es que has tenido un bebé (o dos, o tres…). Estás deforme porque esa transformación es necesaria para que se produzca ese milagro. 

Una vez que tu cuerpo se haya recuperado del embarazo y el parto, pasada la cuarentena, puedes empezar a pensar en tu físico.

Yo te aseguro que volverás a ser la de antes. La misma mujer atractiva. Y si te esfuerzas, con un cuerpo mejor, como creo que es mi caso. A pesar de que me salieron estrías con mi primer hijo, no me acuerdo de ellas porque hago deporte, me alimento bien, y veo los resultados.

Durante el segundo embarazo aprendí mucho sobre nutrición, y todo eso lo sigo aplicando a día de hoy. Mi consejo es que te olvides de dietas, de bebidas milagrosas y de pastillas. No hace falta estar amargada para conseguir un peso ideal. Aquí te doy unas pautas para volver a estar estupenda cuanto antes.

 

 

5. La caca va a empezar a formar parte de tu vida. Asúmelo.

Seguro que no esperabas esto pero es lo que hay. Vas a hablar de ella con total naturalidad. Y es más, vas a acabar con caca en sitios en los que jamás pensaste (¿tus zapatos de ante? ¿Tu mejor bolso?… ¡Si, ahí!). Y nada de caquita inodora de bebé… Eso es una trampa que te ponen al principio. En cuanto tu bebesito empiece a comer fruta y cereales, no creerás que esa cosa tan tierna pueda dejarte semejantes «regalitos».

Busca un buen jabón para prelavar a mano (los de toda la vida son los mejores, Lagarto y Chimbo) y un spray para limpiar tapicerías (el rosa de Mercadona es TOP).

 

En resumen, ¡ánimo que tú puedes! Hay niños que se crían en condiciones terribles, otros que no tienen a nadie que les quiera… El tuyo tiene mucha suerte de tener una madre que se desvive por él, así que por muy mal que creas que lo haces, no va a estar nada mal, ¿no?

¿Quieres saber las cosas de bebé que hacen feliz a una madre friki del orden y la limpieza en casa?

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Cómo adelgazar en el postparto

Cómo adelgazar en el postparto

Cómo adelgazar en el postparto

Aunque lo veas todo negro, ¡adelgazar en el postparto es posible! Sin pasar hambre ni matarse en el gimnasio.

Yo lo conseguí, ¿quieres saber cómo?

1 de cada 10 chicas en el postparto se queda con el tipazo de antes de dar a luz. Y 9 de cada 10 las odiamos en secreto. Por supuesto, yo fui una de esas 9.

Es un hecho que el momento después de dar a luz es duro. Además de tener que adaptarte a una vida nueva de la noche a la mañana, hay que añadir la presión de verte en un cuerpo que nunca habías tenido.

Durante mi embarazo, todo el mundo me animaba a comer lo que quisiera: “Tienes que alimentar al bebé», «Luego enseguida bajas los kilos”… -¡Estupendo! ¡pues hoy pizza para cenar!-.

 

 

Y así, yo que siempre había sido delgada, ¡me vi con 20 kilos de más! Por supuesto, lo importante era que mi bebé estaba bien… Pero el primer día que salí a cenar e intenté arreglarme como siempre… ¡ese día lloré sin parar! Me miraba al espejo y sólo pensaba si alguna vez conseguiría adelgazar la tripa y las piernas.

Pues sí, es posible. Pero no creo que haga falta amargarse la vida con una de esas dietas para bajar de peso en el postparto que consisten en tomar una manzana y ahí te quedas hasta dentro de 4 horas. ¡Qué tortura! Suficiente tenemos como para encima estar pasando hambre.
Mis trucos para adelgazar fueron nada más y nada menos que una alimentación saludable combinada con ejercicio.

 

Cambios en la dieta que funcionan

1. No hacer dieta

¿…Cómo? ¿Ese es el primer consejo? Pues sí, y para mí el más importante. La comida es uno de los placeres de la vida. Nos reunimos alrededor de la mesa con nuestra familia y amigos… ¿Por qué vamos a renunciar a eso? No es necesario: basta con cambiar nuestra alimentación desde la base. De nada sirve estar dos meses amargada comiendo ensaladas si luego volvemos a las andadas con más ganas todavía.

Olvídate de los productos light, los suplementos milagrosos y pasar horas a base de té, porque tenemos la suerte de vivir en la cuna de la dieta Mediterránea. Verduras, legumbres, quesos fermentados, carnes y pescados fabulosos. En resumen, comida de verdad, cocinada de la manera apropiada. Salvo casos de enfermedad, no conozco a nadie que siga esta alimentación y sea obeso.

Lo que verdaderamente va a ayudarte es analizar cómo es tu alimentación, y sustituir todo aquello que no sea beneficioso, por opciones saludables.

 

2. Hacer 5 comidas al día:

¡Empezando por el desayuno! Si no se te ocurre cómo desterrar los cereales de supermercado, aquí tienes ideas de desayunos rápidos y saludables para toda la familia. Es fundamental para perder peso, porque evita los atracones a la nevera y el picoteo.

Ponte menos cantidad en las comidas principales, y organízate snacks saludables para media mañana y media tarde. A poder ser, come alimentos con fibra. Y que haya un poco de proteína en cada comida (aunque sea un par de nueces), para reducir la velocidad en la que el azúcar va la sangre.

 

3. Las grasas (buenas), son buenas:

Hay que comerlas a diario, ya que nos dan energía, ayudan a absorber las vitaminas, aportan ácidos grasos, mantienen el pelo y la piel sanos… Disfruta de un buen salmón, una tostada con aguacate o unos frutos secos crudos (¡sí, ayudan a adelgazar!)Están llenos de nutrientes y, además, te sacian el estómago durante horas. Eso sí, nada de precocinados: elige alimentos frescos o congelados sin procesar.

 

 

4. Fuera toxinas:

– Azúcar:

Es adictivo, te agota, y como tu cuerpo no puede procesar la alta cantidad que tomas diariamente, lo almacena como grasa. Y cuidado, porque no sólo me refiero a dejar la bollería (que también), sino por ejemplo a cambiar el modo de comer fruta. Es buenísima y sanísima, pero intenta comerla cuando aún tengas actividades que hacer (en mi caso, como tarde a la merienda).

Además, cuando mires los alimentos en el súper, fíjate bien en los ingredientes porque se oculta bajo diferentes nombres (fructosa, sacarosa…).

– Alimentos light:

Para empezar, seamos sinceros: no están tan buenos. Además, es verdad que les quitan gran parte de la grasa pero, ¿no habíamos quedado en que cuando es saludable sí hay que comerla? Y por si fuera poco, no tienen calorías pero están llenos de azúcar: no hay más que mirar los ingredientes de los yogures desnatados.

¿Resultado de esta ecuación? Que al rato de comerte uno ¡vuelves a tener hambre! Sin embargo, eso no te pasa con un yogur griego o un kéfir, ¡haz la prueba!

– Alimentos con índice glucémico alto:

Son alimentos compuestos por mucho azúcar pero, al contrario que la fruta, no tienen prácticamente fibra. Por tanto, se asimilan muy deprisa y aumenta rápidamente el nivel de azúcar en sangre. De igual manera vuelve a bajar la glucemia enseguida, y… ¡otra vez con hambre!

Simplemente sustituyendo arroz, harinas, cereales y pastas blancas por sus homónimos integrales habrás hecho un cambio increíble en tu dieta. 

Pero si quieres ver un cambio impresionante, compra los carbohidratos integrales y modera su consumo. Las verduras y legumbres también tienen hidratos de carbono, pero en menor cantidad. Hay muchísimas formas de comerlas, sólo hay que encontrar tu favorita.

Yo reduje el consumo de arroz y pasa a un día a la semana y, sin duda, fue de lo que más me ayudó a bajar peso. Desde entonces, es una norma que sólo me salto con una tostada pequeña en el desayuno o alguna galleta integral con el café. Pero evidentemente, en la dieta mediterránea, llena de deliciosas patatas, comida italiana y paella, no es fácil. Por eso recomiendo la pasta que no engorda.

– La comida procesada:

¿Sabes lo que engordan tres galletitas integrales? Las vemos tan pequeñas, hechas al horno… y parecen inofensivas. Pero nada más lejos de la realidad.

Comida precocinada, barritas de cereales, refrescos, pan de molde… Es sólo cambiar de hábitos, y aunque de primeras no te lo parezca, hay muchísimos recursos para que no te lleve mucho tiempo: congelar pan fresco, mezclar tú la carne de hamburguesa, cocinar para varios días y congelar por raciones…

– El alcohol:

Sabemos que tiene mucho azúcar y además, ralentiza el metabolismo ¡y eso no lo queremos! Pero tampoco hay que estar amargada: no hay que renunciar a unas copitas de vino con tus amigos.

 

4. Introduce la inulina en tu dieta:

¡Este maravilloso suplemento lo tiene todo! Es un prebiótico natural, te regula el estómago, sacia durante horas y está bueno. Es uno de mis suplementos de cabecera. Si no sabes qué es, dónde comprarla y cómo tomar la Inulina, tienes una entrada completa sobre cómo la introduje en mi alimentación y qué he notado.

 

5. Y el truco de la abuela: beber agua.

Ya sabes todos los beneficios que tiene el agua, así que cuando te de un ataque de hambre ¡bebe un vaso de agua!

 

Saca tiempo para hacer ejercicio

1. Nada de ejercicio durante la cuarentena:

Me encanta el dicho de que el sudor es la grasa llorando… ¡Muy cierto! Sin embargo, no tengas prisa. Es fundamental respetar la cuarentena sin esfuerzos en caso de un parto vaginal, y si es cesárea, suele ser más tiempo. Muchas veces nos sentimos con energía, pero no hay que confiarse.

Todo tu cuerpo tiene que volver a su sitio, está rebosante de hormonas, lleno de elastina… y no querrás arriesgarte a tener complicaciones médicas, pérdidas… Total, ¿qué más da una semana más o menos?

 

2. ¡Modo deporte ON!

Una vez haya pasado este periodo, y siempre consultándo a tu ginecólogo, ¡ponte a manos a la obra! Un bebé te exige mucho, pero seguro que sacas un ratito para una rutina de ejercicios.

Fija con tu pareja o familia un par de horas semanales para ir a clase de hipopresivos o al gimnasio. El yoga es perfecto para ello, tonifica, estiliza y fortalece el suelo pélvico. Hay muchos vídeos en Youtube de clases de baile, de ejercicios postparto,… Yo paseaba a mi bebé tan deprisa que parecía que me perseguía el hombre del saco.

 

…Y déjate mimar

¡Durante el post parto hay ratos en los que te hartas a llorar! Y es normal porque casi no descansas, te duele el cuerpo… Sin embargo, intenta no dejarte llevar por esas hormonas revolucionadas. Que estés pasando un momento duro no te da carta blanca para ser una tirana, especialmente con tu pareja.

Intenta relativizar lo más posible y pensar qué es lo importante en tu vida. Si necesitas mimos extra, ¡pídelos! Tu familia y amigos estarán felices de dártelos.

Al final, lo más importante en la vida es ESTAR FELIZ. Si te apetece un dulce, busca una receta un poco healthy y ¡disfruta!

 

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