Basta de preguntar a las madres cuándo van a volver a trabajar

Si me hubiesen dado un euro cada vez que me han preguntado cuándo iba a volver a trabajar… rica no sería, pero igual un buen bolso sí habría caído.

Siempre supe que quería ser madre. Así que cuando nació mi primer hijo, decidí quedarme en casa y cuidarle yo. No me imaginaba a una desconocida viviendo con mi bebé todos esos momentos con los que yo llevaba media vida soñando. Mi marido tenía (y sigue teniendo) un horario muy exigente, el cuál hace que, prácticamente, no pueda contar con él de lunes a viernes. Y nuestras familias están fuera. Así que no tuve ninguna duda: quería ser yo la que fuese al médico con mi hijo, la que le llevase al parque cada día y la que luchase con él para que se comiese las lentejas. 

Al fin y al cabo, es lo que había vivido en mi casa. Mi madre era autónoma en una carrera “de hombres” (literalmente, eran 3 chicas en toda la escuela). La pausó para cuidarnos cuando nacimos y poco a poco se fue incorporando hasta volver a jornada completa. Así que para mí ha sido lo natural.  

Además, ser madre no es fácil. Especialmente si eres exigente… y tu hijo tiene carácter. Quieres que tus pequeños sean buenas personas, educados, que coman de todo, y sepan hacerse la cama. Pues eso requiere de mucho tiempo y paciencia, y si a mí como madre de las criaturas me ha costado mantener la calma muchas veces, no me quiero imaginar a una persona que no lo es.

¿Y tu carrera? Me han preguntado muchísimas veces. Sin embargo, cuando decides quedarte en casa a cuidar a tu bebé, no aprietas al botón de DELETE en tu cerebro. Mi carrera aquí está. Años de estudio y experiencias en empresas estupendas siguen grabados en mi currículum. Sólo le he dado al botón de pausa. Empecé de becaria a los 23, y pretendo jubilarme a los 65. No creo que vaya a pasarle nada a mi carrera porque durante unos años haya decidido ser madre full time. 

Cada vez que me han preguntado cuándo iba a volver a trabajar, no he podido evitar sentirme incómoda. Y no tendría por qué. Parece que he pasado las mañanas entre el gimnasio y la peluquería, cuando cualquiera que tenga un bebé sabe que necesitan de un adulto todo el tiempo. Me siento tremendamente afortunada de haber dedicado estos años a cuidar permanentemente a las dos personas que más quiero en esta vida. Así que trabajar fuera de casa nunca me ha faltado. Sí, he echado de menos tener retos intelectuales, el superarme a mí misma en el trabajo, la pausa rápida en la cafetería de la empresa… Pero cada abracito de mis pequeños me hacía olvidarlo al segundo.

 

 

En esto, cada familia se organiza como puede. Algunos tienen cerca a los abuelos, siempre dispuestos a ayudar. Otros confían en las guardes y otros en una asistenta. Y sin duda, la mejor opción es la que hace a la familia feliz.

Admiro muchísimo a las madres que trabajan hasta las 7 y son capaces de organizar la casa y preparar la cena para sus bebés con una sonrisa. Porque desde luego que la conciliación no es fácil, y menos en esta sociedad en la que la carga del hogar sigue sin ser paritaria (en general).

Antes las mujeres no teníamos otra opción. Punto. Si querías diseñar aviones ya podías bajarte de la nube. Afortunadamente ahora  podemos hacer lo que nos plazca. Por tanto, al igual que estaba mal juzgar a la que no quería dejar su trabajo y quedarse en casa, también lo es ahora hacerlo con la que lo disfruta y tiene vocación para ello.

Las madres que lo elegimos libremente no tendríamos por qué justificarnos. Porque la clave está precisamente en esa palabra: libertad.

 

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